viernes, 31 de enero de 2025

Reencuentros

Había quedado para tomar algo con Óscar. Cuando llegué, ya estaba él sentado en una mesa redonda e inesperadamente estaba acompañado. Era Vanesa. Me senté sorprendido de verla y nos pusimos a charlar los tres. Se hacía extraño ya que no la habíamos visto desde hacía más de un año y parecía que había rejuvenecido. Estaba delgada y con 15 años menos. Se la veía con salud y buen color de cara. Había algo extraño en esa situación y supongo que a Óscar se le cruzaba por la cabeza lo mismo que a mi. ¿Qué había pasado durante este tiempo que no la habíamos visto y porqué estaba tan lozana? Ninguno de los dos mencionó nada. Por dentro había un sentimiento extraño mezcla de alegría, incredulidad y a la vez algo de temor.

La velada discurrió como siempre había sido, hablando de banalidades, haciendo bromas, imaginando situaciones divertidas y risas. Muchas risas. Muchas. Aunque el miedo seguía estando presente. Quería saber qué estaba pasando pero temía hacer la pregunta incorrecta y perder ese momento tan valioso. No recuerdo la última vez que reí tanto. Probablemente fue la última vez que habíamos estado reunidos los tres.

Así que me dejé llevar y me quedé saboreando el momento. Al cabo de un tiempo que me es imposible medir, nos levantamos los tres y nos fuimos a hacer lo que habíamos ido a hacer. 

Llegamos a casa de Vanesa y mientras Óscar fue a una habitación yo me metí en el dormitorio de ella. Cogí una bolsa y empecé a recoger cosas que le había dejado prestadas alguna vez y que ahí quedaron. O esa era la percepción que tenía. Eran objetos que hacía tiempo no veía y producían esa sensación de familiaridad que te acercan a un momento bueno de tu vida. Eran cosas pequeñas como figuras o pequeños adornos. Extrañamente ahí estaba también el muñeco de peluche de mi infancia, un oso de color naranja al que le puse de nombre Toni. Incluso recorté una T con una tela y se la cosí en la barriga cuando yo debía tener unos 5 o 6 años. Es un muñeco especial que aún conservo y por algún motivo estaba ahí.

Al recoger, los buenos sentimientos de antes se desplazaron para dar lugar a un sentimiento de melancolía. Mientras tenía al osito en la mano, alcé la mirada y en la puerta de la habitación había una silueta. No era corpórea, sólo se le veían los bordes y el interior estaba desdibujado, con un tono rojizo y pequeños puntos negros. Estaba quieta y en silencio. Observándome.

A cada objeto que metía en la bolsa, esa silueta se iba desvaneciendo lentamente. Se iba despidiendo de mi. Y tomé conciencia.

La recordé riéndose de mis tonterías. La recordé haciéndome reír con su risa. Ya no podré hablarle de tantas cosas que nos gustaban sólo a nosotros dos. No tendré a nadie con quién compartirlas.

Sosteniendo la bolsa en la mano y mirando esa silueta mientras desaparecía abrí los ojos despacio. El despertador no tardaría en sonar, así que alargué el brazo, cogí el móvil y lo desconecté. Me puse en pie y fui al baño para hacer el primer pipi el día y comenzar a asearme. La vida sigue. Con menos gente en el vagón, pero sigue.

 

Nota: Este relato pertenece aun un sueño real que tuve. Creo que fue la manera que encontró mi subconsciente de despedirse.


domingo, 14 de julio de 2024

Undertow


Recién entrado en la veintena todavía me quedaban años de ser capaz de sentarme a ver la tele durante horas desconectando el cerebro y además gozándolo lo más grande.

Épocas en las que éramos felices y no lo sabíamos.

Me enganché a una serie en la que en un episodio salía una escena acompañada de una gran canción (más abajo la he añadido) que revisito de vez en cuando.

Los guionistas dieron con una genialidad y la protagonista suelta un pequeño discurso que me parece fantástico. Lo escribí en su momento en un documento y cada poco tiempo lo vuelvo a leer o a usar en Instagram/Flickr/Facebook/ande sea.

Antes de seguir quiero dejar claro que normalmente escribo de tal manera que no sea muy evidente que hablo de mí, pero esta vez me dejo de rodeos. Internet ha cambiado tanto que nadie lee el blog ni aunque cuelgue el enlace por doquier. Ni mis contactos pierden el rato leyendo giliatonteces. (Tener amigos pa esto... desde luego). Así que no me da miedo mostrarme ahora mismo de una manera más explícita. Y no me viene mal tampoco para sacar para afuera pensamientos.

Siguiendo con el hilo, la cita empezaba diciendo una frase evidente pero demoledora:

«Intentamos vivir una vida razonable y lógica, pero no podemos imponerle a nuestro corazón lo que debe sentir.»

Ahí está. 

Para los que nos gusta llevar el control de lo que nos rodea, que la parte emocional (llámese "corazón") lleve las riendas no nos va nada bien. Un día estás tranquilo pensando que sabes lo que quieres y lo que te gustaría y al día siguiente algo pasa y eso cambia.

En realidad no es tan evidente. Sucede que la vida razonable no quiere ver que el corazón acaba de hacer acto de presencia y el asalto es silencioso y lento.

Y es que como sigue la cita sacada de la serie:

«A veces nuestro corazón nos lleva a sitios donde nunca pensamos que queríamos ir»

Y eso pasa. Aparece alguien. Y sin darte cuenta esa persona es... es... pues es esa persona. Y no es la que tú pensabas que sería. Tu corazón ha tomado una decisión y comienzas a hacer las cosas con una motivación que antes no estaba. Publicas en redes sociales mucho más a menudo, te esfuerzas en ser elocuente, divertido. En trabajar mejor las fotos. El corazón te está dando motivos y vida. Pero no quieres verlo porque en el fondo sabes que no deja de ser algo irreal y puedes acabar teniendo que pagar un precio. Aparece el miedo.

Por fortuna mi corazón no "siente" a menudo. Pero a cambio, cuando "siente", lo hace profundamente. Y no hay discusión. La parte lógica tiene la partida totalmente perdida. Es como un virus para el que el sistema inmunitario no está preparado. No hay nada que hacer. Ninguna medicación ayuda a pasarlo más rápido. Como mucho se puede aplicar un pequeño analgésico temporal, pero en cuanto se pasa el efecto, ahí sigue como si nada.

He estado buscando el motivo de porqué he sentido. ¿Por qué he caído? ¿No estaba bien sin sentir nada? ¿Qué ha pasado? ¿Tengo carencias que he querido llenar de manera irracional? En otros artículos he hablado de entender bien los mensajes de psicología barata que nos llegan por todos lados. Procuramos entender lo que nos pasa y el motivo de porqué nos pasa. Lo cierto es que tras mucho cavilar he llegado a la conclusión de que no hay nada que entender. Lo que ocurre es sencillamente la naturaleza humana. 

Estamos hechos para sentir. Por eso existe esa parte emocional que llamamos corazón. No sentimos porque necesitemos a alguien, porque nos encontremos solos, porque queramos. Sentimos porque estamos vivos. Tampoco se puede escoger a la persona. En la vida puedes conocer gente más guapa o atractiva, o muy intelectuales e interesantes y que muestren algún interés por ti y sin embargo no te producen mayor sensación que la de sentirte halagado.

Si la respuesta a la cuestión de porqué te enamoras es porque estás vivo, por naturaleza, esa es la misma respuesta para la pregunta de ¿por qué esa persona en concreto y no otra? Pues porque así es la naturaleza. No hay que darle más vueltas. Esa persona tiene algo que te llega que no tienen las otras.

Aquí puedo usar otra cita de otra serie que revisito de tanto en cuanto:

«¿crees que lo tienes todo pensado? La vida tiene grandes ideas.
(...)
Así que adelante, sigue planeando. Pero que sepas que cuando tengas todo bien organizado y estés satisfecho, la vida jugará sus cartas.»

No se puede elegir el momento ni la persona. Llega sin más. Cinco años después de la última vez, cinco meses, cinco días, cuando estabas bien y no necesitabas nada...

El grave defecto de la vida es que no suele ser recíproco. Y ahí es cuando jode. Si vas conociendo a la otra persona y ves cosas que no te gustan nada, es decir, líneas rojas (yo que sé, que sea votante de Vox, que le guste Juego de Tronos o la música de Estopa, que haya asesinado a doce ancianas, que tenga tatuajes... mis líneas rojas son muchas la verdad, podría empezar y no parar) te dan el impulso para volver a tomar el control. Ayudan a aplacar la emoción.

Pero si te va gustando lo que ves de esa persona, si te das cuenta con el tiempo que ha sido él desde el principio... entonces sabes que el tortazo va a ser como un guantazo de Bud Spencer y la recuperación será lenta y larga.

La cita con la que he empezado este artículo acaba de una forma positiva y bonita.

«Pero al menos mi corazón está abierto. Estoy sintiendo. Estoy respirando.»
En otras ocasiones me la he podido aplicar a la perfección. Por alguna razón que todavía no consigo adivinar y razón por la cual sigo pensando en todo esto es porqué esta vez no me consuela.

Para finalizar este artículo donde me abro en canal por primera vez (si alguien lo lee y llega hasta aquí, por favor, permitírmelo) acabo con otra cita que siento mía y quizás expliqué porqué no me pasa con la anterior. La frase de Baby en Dirty Dancing cuando ella se declara a Johnny y se muestra humana y vulnerable:

«(...) especialmente tengo miedo de salir de este cuarto y no volver a sentir en toda mi vida lo que siento estando contigo.»

 

jueves, 18 de abril de 2024

Swimming forever in my head

Se ve que esto de que intenten asesinarte activa un poco las neuronas y he decidido escribir un poco. Como aquella vez en una playa de Tulum y de la que el agresor puede sentirse agradecido ya que hace muchos años que no se lo recuerdo. Lo que demuestra lo maravillosa persona que soy, incapaz de guardar rencor. (Y como él no va a leer esto porque es así de desconsiderado, que lo haya sacado a relucir ahora, no cuenta.) Nota mental: algún día debería republicar el relato de aquel momento.

He pensado en hacer una especie de segunda parte de un post que escribí aquí ya hace 5 años (mecagoenlaputa), pero rompiendo el tono más serio con este pequeño pensamiento. Estando en el supermercado (actividad que hago con sumo desagrado) llevo la música a toda leche para que me sea más leve y por algún motivo me ha apetecido escuchar una de esas canciones ricas en recuerdos y sensaciones y mis recuerdos, como siempre que la escucho, van al primer momento en que la descubrí. 

Era una cálida tarde de septiembre con los últimos compases del verano en el aire. Estaba en casa, con la familia reunida y visitas que venían de fuera de la isla para acompañarnos. La tele encendida en un canal local que reemitía la señal de la MTV. En ese momento, el presentador anuncia una actuación en directo de uno de mis grupos favoritos y raudo y veloz le doy al REC en el vídeo VHS para conservar esa retransmisión.

Comienzan a sonar los compases de una canción que no reconocía. La interpretaban por primera vez. Esas cuerdas de guitarra ya forman parte de unas sensaciones capaces de activar mis endorfinas.

Empiezan a cantar una letra melancólica, como si supieran lo que pasaba a mi alrededor en ese momento. Habla de un recuerdo. Estaban cantando una canción por mí. Se habían metido en mi cabeza y convertían mis emociones en sonidos y melodías, hacían rimar los pensamientos.

El pre-estribillo es una traducción de los sentimientos que tenía a flor de piel y salen por la boca de la cantante como si me los extirparan de una manera indolora. Mis ojos pegados a la pantalla con atención. Hipnotizado por lo que estaba escuchando. Me tenían bajo sus efluvios.

El estribillo estalla y mis pensamientos vuelan de un lado para otro por el influjo de los violines. Ya no soy consciente de que estoy en el salón de casa con muchas personas alrededor.

Siguen cantando las estrofas y esa voz soy yo. Me llevaba volando por el pentagrama acompañando a las corcheas y la clave de sol. No estaba siendo consciente que esos minutos formarían parte del recuerdo, como decía la canción, para siempre.

Llega el puente y me doy cuenta que hasta a la canción más triste le saben dar un tono de positividad y esperanza. Que se puede sonreír con lágrimas en los ojos.

Los segundos se agotan y el estribillo se repite una y otra vez. La cantante insiste en que siempre recordará aquellas canciones que solían escuchar juntos y que nunca va a olvidar a esa persona.

Golpes de batería que indican que la canción se acaba. Se oyen los aplausos del público. Parpadeo como despertando y tomando conciencia de que estoy sentado en el frío suelo del salón. Han sido cinco minutos de magia. Cinco minutos de una canción que me ayudó un poquito a desliar mis ensoñaciones y aceptar que, como decía la letra que acababa de escuchar, esa persona ya no iba a estar nunca más pero que nunca la iba a olvidar.

Esa tarde de septiembre de 1999 entendiendo que él se había ido pero que estaría nadando para siempre en mi cabeza.

jueves, 28 de marzo de 2024

No hay manera de dormir.


Hay veces que los mensajes y frases motivadoras vuelan cuales cuchillos en una sesión de control parlamentaria pero los esquivas como hizo Neo con las balas en Matrix o sencillamente te golpean sin que lo notes hasta que alguno te da en toda la rabadilla y no puedes dejar de pensar en ello. Normalmente pasa cuando ese mensaje lo ves repetidas veces.

Pero hablar es fácil. Soltar una frase directa que resuma una esencia lo puede hacer cualquiera. El meollo del tema es cómo ponerlo en práctica, cómo desenrollar la madeja.

"Hoy no sabía qué ponerme y me puse una sonrisa". Que levante la mano a quien no le nacen ganas de pegar puñetazos al oír/leer estas cosas. Dísela a un niño de Gaza y verás tú dónde acaba la puñ***** frasecilla de los coj****.

Aún y así, cuando una de esas frases te llega por un lado y otro al final caes y piensas si no pasará algo contigo. Te convencen a base de repeticiones.

Y es que me ha llegado desde varios flancos el tema de valorarse a uno mismo, quererse, potenciar el amor propio. Muy bien, mensaje captado y dando vueltas en la lavadora con forma de cerebro. Pero, ¿Cómo coño se hace eso?

 Quiero decir, está muy bien la intención, ¿Sirve mirarse al espejo y decirse "Aupa tú"?

He probado a ponerme las sabias palabras de El Cordobés como despertador (Para más señas, son estas de aquí) y creo que no surten efecto.

¿Y cómo se sabe si te pasas de la rosca y acabas por valorarte demasiado? El que la gente no se ría de tus chistes a lo mejor es porque no son tan buenos y reírse de la nariz del de al lado es de mal gusto. Sobretodo si es el cantante de Ketama o alguien que esnifa coca los sábados por la mañana.

¿Y cual es el objetivo real? Si te valoras lo suficiente, ¿dejarás de sentirte mal si alguien que te importa te dice que hay algo en ti que no le gusta? O si alguien te dice que no está interesado en ti, ¿te resbalará cual mantequilla en una sartén porque ya te tienes a ti mismo?

Esta noche de ojos abiertos, revisando el móvil, miraba las notificaciones de San Google que lo sabe todo de nosotros y amado sea, y me he entretenido revisando los recuerdos que te propone. Hoy, hace 14 años lo estabas pasando de puta madre con tus amigos viajando por Italia. Hoy, hace 5 años, estabas feliz de excursión por la montaña. Hoy, hace 7 años, te estabas comiendo un poll gofre con nata y chocolate.

Me paré en el recuerdo de la última gran celebración de cumpleaños que hice, pre-pandemia. La tuve que hacer en dos tandas, una para la familia y otra para amigos. Mientras que los amigos estuvieron acompañándome todo un caluroso día de febrero, la familia me preparó un álbum cargado de recuerdos y dedicatorias.

En ese momento pensé que quizás no es cuestión de valorarme más a mi mismo. Que no debe ser un ejercicio de narcisismo. Quizás sea cuestión de que lo que hay que valorar y querer es a los que te valoran.

Pero sobretodo lo que necesito es mandar a cagar las frases motivadoras y ponerme a dormir.



miércoles, 1 de marzo de 2023

Un paseo por los nombres del mundo. Parte II

Allá por el 2018 escribí un artí-culo sobre nombres curiosos de lugares del planeta Tierra, decidido a continuar con esa serie. Recopilé unos pocos nombres sacado de mi trabajo cotidiano y esclavo dignificante. Por motivos de la life, ya no estoy en ese puesto de trabajo y la recopilación tan divertida cesó. Pero aún conservo unos pocos que descubrí y voy a intentar mantener el tono en el siguiente texto.



Si recorres la famosa ruta "Big Sur" te cruzarás con un pueblo llamado "Lucía" pero el interesante es Gorda. Bueno, pueblo... pueblo... como denominación no sé yo si es lo que corresponde. Más bien sería "dos casas o más, sumando las del perro, que están a un lado de la carretera alejado de todo menos de la polución y ruido de los coches y motos.". Todos sabemos que esa es una de las definiciones de "paraíso". Un sueño, lugar idílico que hay que visitar una vez en la vida y, si puede ser, antes de morir.
Es tan importante que tiene hasta una entrada en la Wikipedia aquí. No dice nada de la etimología de su nombre, pero es tan evidente, tanto... sólo es cuestión de hilar fino y relacionar, vamos a ver, Gorda --> California --> Junípero Serra --> Petra --> Petri --> Club Super 3 --> TV3 Televisió de Catalunya --> Puigdemont --> CIU --> Corrupción --> Palau de la Música --> Ópera --> Montserrat Caballé. No hay duda alguna. 

 

Batman existe. Así, sin paliativos y es una verdaz como un templo. Cosa que no se puede decir de la honradez de los miembros del Pepé. En la exótica y antaño guerrera Turquía se halla una provincia con su capital de nombre tan popular. Con su propia entrada en Wikipedia donde lo más divertido es leer la noticia de que esta ciudad demandó a Hollywood por el uso del nombre y sobre todo las diferentes ediciones del artículo donde la gente se lo pasa pipa. Aquí un ejemplo: "habían trolleado la página, diciendo que batman era parte de la provincia de gotham, y que el alcalde era christian bale".

 

Volvemos a las Californias. Gran lugar descubrido por Junípero (2ª vez que lo nombro, a la tercera me aparecerá su espíritu y seguro que se enfadará cuando vea que tengo ya una edad...). Al sur de Los Ángeles está el maravilloso pueblo de Temecula. El esfuerzo tan grande que he de gastar para no hacer chistes podría alimentar de electricidad a Tokyo por tres noches y media. Seré serio y decente y diré que según Wikipedia, es un nombre amerindio que significa "Lugar del sol". Cada uno es libre de creer lo que quiera. 

Nota: He tenido que borrar hasta tres párrafos de chistes sobre evangelizadores, culos, miedos y jóvenes amerindios, así que paso al siguiente o no respondo de mis actos.

 

Sin más dilatación (mierda, es que me se escapa) paso a hablar de la siguiente población. La maravillosa Putten. En el escudo de esta población neerlandesa aparece un ciervo con unos pedazos cuernos que se asemejan a los que lleva Shakira por tó lo alto. Estoy convencido de que este nombre apareció durante el reinado de los austrias solo que nadie lo ha investigado todavía y yo no tengo mucho tiempo entre comer bocadillos de nocilla y contar golondrinas.

 

Y es que el mundo es extraordinario y vomitivo a la vez, no nos vamos a engañar. Pero mientras existan lugares con nombres curiosos, ahí estaré yo. Soñando con visitarlos alguna vez y deseando que en alguno me conozcan lo suficiente para que me escupan, me tiren piedras o me quemen en la plaza. Eso sería el éxito.

miércoles, 15 de abril de 2020

Chico conoce chico

«Chico conoce chico».

El inevitable comienzo de una posible película romántica del, por fin, diverso siglo XXI. Y es que aquí me hayo, un mes de confinamiento y ya hago uso de la droga dura en forma de películas románticas. Son tan falsas y no llego a entender porqué no son capaces de reflejar la realidad. A medida que me imagino un guión de cómo sería una historia auténtica de pareja me voy dando cuenta de los motivos. La película acabaría enseguida y no la vería ni el tato.

Dos hombres se conocerían en una red social. Probablemente fuera así también en la vida real. Los heteros creen que lo tienen difícil para encontrar pareja, eso es porque desconocen el mundo LGTB. ¿Dónde conocer a alguien que no sea a través de las app o de los bares?

El guión indicaría que el mejor amigo del personaje principal sería quien incitaría a este a abrirse un perfil. La cámara enfocaría la pantalla del móvil con Grindr o un sucedáneo para no pagar derechos de autor, con una lista de hombres, todos guapos y con fotos de cara, sonriendo, dispuestos a conocer a alguien. En la vida real, las fotos de cara en esas aplicaciones son un oasis en el desierto. Lo normal son paisajes, torsos desnudos o caras cubiertas con gafas de sol. No quiero ser hipócrita, yo mismo he usado fotos de paisajes en algún momento. Cada uno tiene sus motivos, pero la palabra “discreción” como eufemismo de “estoy casado con una mujer y no quiero que nadie se entere que me van los rabos” es lo más común.

El romántico guión prosigue su curso. Las charlas a través del móvil denotan el interés por mantener un contacto y conocerse, pero un miedo latente a hacerlo en persona. Un mes después el protagonista y su partenaire deciden quedar por fin. Una cita cultural quizás, un teatro, un cine. Después una distendida cena seguida de un paseo y cada uno a su casa. De vuelta al mundo real, lo más probable es que con sólo un par de días de charla, si no menos, la cita hubiera sido en un bar y luego en la cama de uno de los dos. Menos romántico, pero nada que objetar. Las películas de amor siempre retratan a personajes sin aparente mácula o de una imperfección muy suave. Sensatos, con buen comportamiento y buena charla, gente con la que nos podamos sentir identificados aunque nadie sea así realmente.

Nuestro protagonista estaría feliz por lo que ve y vive pero tendría miedo que el otro le pudiera herir. Al otro le gusta lo que está viendo, pero prefiere mantener su orgullo y no mostrar su lado inseguro. Esto sería el nudo que toda historia debe tener, una tensión sexual no resuelta. Además, los protagonistas son gente guapa físicamente. De vuelta a la realidad, uno sería un poco feo y el otro tendría o barriga o un culo enorme o las dos cosas. Los que se saben guapos y buenorros miran a los demás por encima del hombro pero necesitan sentirse atractivos para suplir su falta de autoestima. De esos es mejor huir en línea recta. Y luego están los que se quieren demasiado a sí mismos que viven en una realidad paralela sin darse cuenta que son un horror tanto física como interiormente. Y para lelos ya están ellos.

Después de varias citas, todas estupendas, el prota hace esfuerzos por intentar ver al otro sólo como un amigo y así evitar esa hipotética herida que le puedan infringir, y no lanza señales de querer algo más allá. El otro procura seguir su vida porque tiene miedo de no ser correspondido, es orgulloso y al no ver avances en la relación, no se muestra abiertamente interesado con el protagonista. Sería un círculo vicioso donde los dos quieren pero ninguno daría el paso. Este punto realmente ya es pura ficción, no hay comparación en la realidad, ya que llegados a este estadio de la relación se darían tres casos. En el primero de ellos, hay un segundo polvo y entonces ya se consideran novios (al tercer encuentro de cama, uno de los dos se quedaría a vivir en la casa del otro). En el segundo caso, después del primer polvo, se va todo el interés y no se vuelven a llamar. La última posibilidad es que uno de los dos quede colgado pero el otro no, por lo que el final también suele ser que no se vuelven a llamar.

La película ha cruzado ya su ecuador, el personaje principal se debate entre confesar sus sentimientos o seguir protegiendose. El otro conoce a un tercero y decide comenzar una relación con ese aunque su corazón esté todavía ocupado (y su orgullo intacto al haber permanecido impasible). Aquí podría pasar un clásico en estas películas, y es que los amigos del protagonista le animarían a conocer a otras personas para así olvidar y se daría la clásica escena de citas imposibles e histriónicas. En la vida real, si los amigos le presentan a alguien, probablemente ya se conozcan de antes. Y es que, por mucho que les cueste entenderlo a los heteros, el colectivo homosexual (cada letra con lo suyo) ya se conoce bastante bien unos a otros. Somos pocos los que llevamos abiertamente nuestra sexualidad y viviendo en una isla o en ciudades pequeñas, el dicho de “hay más peces en el océano” no es aplicable. Estamos metidos en un acuario de esos redondos con piedrecitas en el fondo donde sólo puedes dar vueltas y vueltas sin parar.

En el film, el protagonista se alegra por el otro e intenta mantener la amistad, a pesar del dolor de verle con alguien más echando por tierra toda posibilidad de una relación. El otro prefiere apartarlo de su vida totalmente para despejar sus sentimientos y centrarse en su nueva relación, aunque sepa que no lo va a olvidar facilmente. Aquí ya divergen los caminos, porque en la vida real si llega a este improbable punto, el que se queda soltero se haría el digno con un “total, yo nunca le quise realmente” y mostraría una indiferencia contradictoria diciendo un “él se lo pierde”. Y si decidieran follar para quitarse el gusanillo se darían cuenta que no son compatibles en la cama y pensarían “¿tanta historia pa esto?”. Pero en una película romántica, todo acabaría bien, al final el protagonista le echaría valor, le buscaría y le diría que le quiere de una manera desgarradora a la par que dulce. El otro reconocería que ha sido un tonto orgulloso y que también le ha querido desde el principio y se besarían.

Ese es el camino fácil. El de no pensar. El de darle al público lo que ha venido a ver. Es cierto que ninguna película romántica (o no romántica) debe tomarse en serio, no deja de ser cine. Hasta en un biopic hay más ficción que realidad. El cine es así. Los guiones de las películas románticas son como la bollería industrial, te gustan, las disfrutas y comerías sin parar, pero tienen tanto azúcar que empalagan y te derriten el cerebro. Ahora tenemos la nueva generación de películas románticas, con tantos ejemplos disponibles en Netflix, tan vacías que dan ganas de meterse los dedos en la boca para vomitar lo que has visto y olvidarlas pronto.

Personalmente soy de finales reales, aunque la película haya sido una fantasía. Como en “La boda de mi mejor amigo”. Acaba como debe acabar una historia. Te devuelve a la realidad antes de los títulos de créditos. Suavemente.

Por eso, el guión que escribo en mi cabeza y que empezó con un “chico conoce chico” acabaría con algo así:

«Chico se siente triste porque se acabó, pero contento por lo que fue».

domingo, 18 de agosto de 2019

Under the Sycamore Trees

Estamos en pleno agosto. Es una de esas noches de calor húmedo clásicas en esta época del año. He terminado de leer un libro, que sin ser una maravilla sirve para despertar mis neuronas y brindarme un momento de actividad cerebral que decido usar para escribir un poco.

Los pensamientos van enlazándose unos con otros, sin seguir ninguna coherencia palpable. Empiezo pensando en que el libro no está a la altura de su autor, cuyo trabajo sigo desde hace muchos años con interés. Es un libro sencillo y sin pretensiones. Trata de una historia de amor entre un chico (hombre, más bien, de 35 años, que ya tenemos una edad) con problemas para socializarse que se enamora de una chica un poco histérica y con férreos principios. Buscaba leer una historia romántica con la que poder sentir un poco de empatía. No ha sido el caso.

De ahí voy cruzando los vagones del tren de mis pensamientos, unidos entre si, pero cada uno es diferente. Hasta que llego a uno en el que decido quedarme y explorar un poco más. Mientras estoy en ese vagón, va sonando está canción:


Admito que el tema que trato puede sonar serio o preocupante, pero no son más que divagaciones sin más. Cierto es que tienen una base, pero nada trascendental.

Y es que ¿Cómo se distingue el momento en que la esperanza debe dejar paso a la realidad?

Se supone que la esperanza es lo último que se debe perder. Pero, ¿cómo se sabe en qué momento ya se debe tirar a la basura como si fuera esa esponja que viene en el fondo de la carne envasada, que está llena de un liquidillo que da asquito?

Existe un punto, una línea casi imperceptible, como cuando quieres un trozo de celo y rebuscas en el rollo con la uña sin encontrar dónde está el extremo. Esa línea es la que nos indica que la esperanza ya no es una opción. Ya no existe. Y cómo encontrarla no nos lo enseña ningún dicho de la sabiduría popular.

Reconozco tener problemas (o directamente incapacidad) para encontrar ese extremo del celo. Poder mantener la esperanza hasta en los peores momentos puede considerarse una habilidad positiva y muy conveniente. Pero en exceso es perjudicial para el cerebro. Más que comerte una caja de seis donuts como si fueran pipas. Y si, con esto estoy diciendo que me pasan las dos cosas... así que mi cerebro está más condenado que ningún barón del PP (cosa que tampoco es muy difícil).

Recuerdo, de niño, estar viendo Eurovisión, Sergio Dalma, Bailar Pegados. Yo esperanzado de que a pocos países de dar su puntuación, nos dieran todos los douze points y así ganar. Mi hermano diciendo que ni así salen los números, que no bastaban. Pero, la esperanza es lo último que se pierde ¿no? ¿Ni aunque sea matemáticamente imposible?

Cuando encuentras el extremo del celo y lo despegas, la esperanza deja de existir y da paso a la fantasía, al sueño. Entonces es cuando puedes seguir caminando, puedes seguir respirando. Quizás pase que a veces prefieres seguir ciego y vivir en esa fantasía disfrazada de esperanza antes de aceptar la realidad.

En fin. Me bajo del tren. Voy a seguir sudando cual perrito caliente de 1 dólar en un carrito en medio de Times Square. Voy a seguir esperando que el viento sople bajo los árboles de sicomoro.





martes, 5 de marzo de 2019

It's like a dream to me

Suenan los primeros riffs de guitarra y un sonoro golpe da paso al suave canto de un coro gospel. Nada más escuchar esos primeros segundos y ya comienzo a notar una reacción. Mi cabeza me lleva a otro lugar y sobre todo a otro momento, como si subiera en el DeLorean y me lanzara a 1989.

El poder de la música crea imágenes en mi mente mientras la canción prosigue con la voz de la cantante entonando la primera estrofa de una música pop que me acompañó aquel verano.

El pasado 2 de marzo se cumplieron 30 años del estreno mundial del “single”, pero para mí tiene ritmo atemporal.

Siguen los compases de la canción y yo ya estoy en aquel pueblo. En los cálidos y secos días del estío, junto a mis hermanos. Alejados de la cotidianeidad de la ciudad, bajo los pacientes cuidados de mi abuela.

Recuerdo estar grabando la canción en el radio-cassette de doble pletina de mi amigo Xavi, sin sospechar que aquello marcaría ese verano y dejaría en mí una huella permanente.

30 años después y miles de escuchas reiterativas y sigue golpeando en mis recuerdos el estribillo. Puedo oler el aroma que salía de la cocina de mi abuela. Sonrío al pensar en aquellas siestas imposibles con mi tía haciéndonos reír. Sueño con volver a recorrer en bicicleta las calles del pueblo, buscando a mis amigos para jugar. Los momentos en la piscina esperando a que fuera la hora para comer. Llamar a la puerta de mi amigo Juan Narciso para que saliera al jardín a jugar. Celebrar el día del melón con Xavi, Alexis y Marc.

La canción sigue por la segunda estrofa y me llena por dentro. Las noches a la fresca, los días de lluvia viendo las gotas caer en la calle a través del cristal de la puerta.

Cuando de nuevo llega el estribillo acompañado ahora por el coro gospel, la melodía ya ha conseguido revitalizarme. El momento éxtasis me eleva y me da energía. Bailo sin moverme, crezco y siento que puedo soportar el peso del mundo. El recuerdo de aquel verano, de aquel pueblo, de sus gentes, de la familia. No consigo sacarlo de esa melodía. Incrustado y en comunión. Imposible disociarlo.

El puente de la canción no me deja escapar hasta que poco a poco se produce el fade out con el coro dando sus últimos cantos. Y entonces el silencio.

Vuelvo a tomar conciencia de lo que me rodea. El DeLorean me devuelve al momento actual. Durante 5 minutos y 41 segundos estuve en otro tiempo y por más que pasan los años, esa canción tiene poder sobre mí. Me da vitaminas, me insufla vida y me recuerda que sigo sintiendo, que estoy respirando.

martes, 11 de septiembre de 2018

Luces y sombras más allá del arco iris






Después de estar tanto tiempo conviviendo con un homosexual, uno aprende que la vida establecida, tal y como nos la han enseñado nuestros padres, es toda una farsa y una mentira.
Germán mismo, mi compañero de piso, ha tenido que superar barreras ideológicas y sociales para llegar a ser la persona que realmente era. Pero no por eso está mejor. Quiero decir, los homosexuales (y también los transexuales, que son cosas distintas pero con muchos puntos en común) han tenido que romper un tabú de nuestra sociedad tan catolizada. A todos nos han criado para ser hetero. Debes casarte con alguien de sexo contrario al tuyo, tener hijos y permanecer juntos y unidos por el resto de tus días. Eso ha llevado a que la amplia mayoría de personas hayan tenido hijos a temprana edad (aunque a muchos no les gusten los niños), que se hayan casado con personas que realmente no quieren y que no hayan disfrutado de la única vida que tenemos. Es muy fácil culpar a la religión y a la sociedad de ello, pero los homosexuales y los transexuales nos han enseñado la valiosa lección de romper con lo establecido para ser tu mismo.

Claro que ello conlleva superar también el probable trauma que va a suponer llegar a ese punto de toma de contacto de quién eres realmente. Y ahí es donde veo que está el problema actual. Por fortuna vivimos momentos de grandes progresos en materia homosexualidad (en transexualidad no tanto). Para la amplia mayoría de personas, es una “nueva” herramienta que tienen entre manos. Aún a día de hoy, más de 10 años después de la maravillosa ley del matrimonio igualitario, carecemos de modelos sociales y está todo muy verde.

La libertad sexual a la que han llegado los gays (entiéndase “gay” como adjetivo que se ha usado siempre para denominar a los homosexuales, hombres y mujeres) es una herramienta que aún no se sabe utilizar. ¡Viva el sexo! no es nada malo. Pero como todo, es un problema si no sabe usarse.

Los homosexuales tienen un fácil acceso al sexo, tanto, que las relaciones suelen estar condenadas o al fracaso o a la perenne amenaza de los posibles y probables cuernos tarde o temprano. Con esto no quiero decir que el 100% de los homosexuales se dedican a tener relaciones fuera de la pareja y sin consentimiento de la misma, pero si un muy alto porcentaje (imposible calcular).

Concretando en el mundo de los hombres (el de las mujeres va por los mismo derroteros pero con sutiles diferencias) las parejas no suelen funcionar. Es muy sencillo chasquear los dedos y tener a alguien detrás tuyo. Las redes sociales, los chats y las aplicaciones de móvil sirven en bandeja esa arma que es el sexo y que aún poca gente sabe usarla de un modo correcto y no destructivo.

Muchos buscan sexo, otros buscan aumentar su autoestima poniendo en riesgo sus relaciones y faltando al respeto a sus parejas ligando por chats u otros medios (aún sin pretender nada físico).

Puedo comprobar que esto se ha normalizado y se ha convertido en norma social. Pero también se pueden contar con los dedos de una mano los que lo tienen tan claro cual Samantha de “Sexo en Nueva York”. Todos quieren pareja estable, pero sin soltar la libertad sexual o la afición del ligoteo. Y ninguno quiere que su pareja haga lo mismo que él. Al final, todos se sienten vacíos en algún momento de sus vidas.


Las parejas gays están condenadas al fracaso si no se tienen las cosas claras. Hay muchos modelos de pareja a los que los hetero no hemos llegado aún. Pueden ser parejas cerradas, parejas abiertas (introduciendo a un tercero en sus juegos amorosos) o sólo amigos que conviven, tienen sexo de vez en cuando, pero son libres de irse con otros (estos se confunden siempre con ser pareja abierta, pero no se dan cuenta ni ellos que sólo son amigos). Entre estas opciones hay matices y grises, no es todo blanco o negro. Todo ideal, todo perfecto, sólo si se dejan claras las normas desde el principio, cosa que no pasa en el mundo gay. Así como la falta de autoestima, también flojea mucho la sinceridad, ausente en gran parte de los casos.

El juego del amor y del sexo es sucio en el mundo gay, mi teoría es que es debido a ese trauma que han tenido que superar rompiendo esas barreras sociales y religiosas que comentaba al principio. Pocos lo han superado de manera natural. Y los que han conseguido llegar, andan muy perdidos sin saber cómo manejar la nueva libertad adquirida.

miércoles, 22 de agosto de 2018

Infancia perdida



Nunca pensé que tener mascota en casa diera tanto trabajo creativo. Este pájaro no hace más que reclamar atención, me sigue a todas partes, incluso cuando me meto en la ducha o voy a hacer aguas mayores. Es tan pesado que me siento cual cámara de televisión con un Mocito Feliz persiguiéndome. Así que para tenerlo entretenido he de sacar lo mejor de mi limitada creatividad.
Como experimento ornitológico probé a ponerle delante de la televisión, pero el bicho era inmune a su efecto hipnótico que si funciona, en cambio, con los niños. Aunque no es del todo así. Resulta que los programas infantiles de los 80 sí surten efecto en él. Curiosamente se queda como en estado catatónico cuando le pongo “La bola de cristal”. ¡Milagro! Lolo Rico creó un producto digno de asignatura universitaria.

Hice pruebas como si esto fuera el Waku-waku y le puse a los Teletubbies. Creo que ningún libro científico puede relatar de manera fidedigna el escándalo de un pingüino alterado. ¿Alguien sabía lo agresivos que son estos pájaros del ártico? Pasé miedo. Me da que Tinky Winky, Dipsy, Lala y Poo pueden darse por muertos como Lupe les vuelva a ver. Quizás sea porque en el fondo parecen pingüinos obesos y de colores.

Después del altercado Teletubbiero, decidí dejarle un rato con Alaska y la Bruja Avería. Reconozco que me quedé viéndolo yo también, y el programa que hace lista a la caja tonta me dio que pensar.
Es indudable la capacidad que tienen los medios de alterar el curso de las cosas. El poder de atracción de la tele es más grande que el del cine y es capaz de protagonizar el recuerdo colectivo de las personas. La gran mayoría al echar la mirada atrás, recordamos enseguida la televisión. Programas, concursos, dibujos animados, series, telenovelas y hasta los anuncios. Somos capaces hasta de recordar qué días de la semana y a qué hora emitían series que nos tenían enganchados horas y horas.

Como en todo, el consumo de televisión “evoluciona” y hoy en día ya nada tiene que ver con lo que fue en su día. Esa pasión que demostraban los profesionales del medio se ha perdido para ser meros trabajadores en una cadena de producción, como sin alma y sin contenido real. Las series han perdido frescura y espontaneidad. Los presentadores parecen que cantan y se han quedado sin personalidad. Los periodistas son meros panfleteros que se limitan a leer las noticias que les redactan desde los altos poderes que manejan el presupuesto del canal en concreto.

La televisión tiene un poder de educación que no debería poseer, pero por desgracia es así. El “todo vale por la audiencia” aumenta temporada a temporada, hasta el insultarte como persona y tratarte como idiota. Lo hacen y te lo dicen a la cara y seguimos enganchados a esos insultos.

Los niños no se escapan a ello. Algunos canales públicos (recalco, pagados por todos) no han dudado en gastar millones de euros en producir contenidos capaces de adoctrinar a la población (no diré ejemplos claros, eso lo dejo para otra ocasión) y no hacemos nada para evitarlo.

En la España de los años 80 y principios de los 90, los ritmos televisivos más sosegados nos hacían disfrutar de Cabeceras para cada serie con canciones o melodías reconocibles por todos. Los niños nos juntábamos y cantábamos aquello del “soy un gnooomoo, y aquí en el bosque soy feliiiz” o cosas como “Dragones y mazmorras, un mundo infernaaal” (curioso, pero son canciones más modernas y mejor producidas que la suma de todas las canciones actuales dentro del panorama musical español, otra crítica que expondré en otra ocasión).

Esa era la infancia que los mass-media nos ofrecieron a los afortunados que nacimos en esos tiempos. Aunque la televisión no tiene toda la culpa,  también está la industria del entretenimiento que se nutre de esos programas infantiles o dibujos animados para expandir sus tentáculos.

Los 10 años de hoy en día son tratados de otra forma. Mientras que a nosotros nos decían que éramos niños y como tales debíamos cantar cosas de niños y soñar en ser astronautas o veterinarios, ahora se les dice que con 10 años ya deberías tener novio/a, deberías perder la virginidad con Justin Bieber o enseñar cacha como Selena Gómez. No pienses, sólo céntrate en ser famoso. Con que cantes bien o tengas atractivo físico ya es suficiente para triunfar en la vida.

Algo me dice que Lupe es sensible a este tipo de influencias. Las pruebas continuaron. Su reacción frente a la serie “iCarly” fue de indiferencia. ¿Alguien la ha visto? Te dicen que el triunfo en la vida se mide en followers de tu canal de YouTube.

Con “Peppa Pig” pasó algo curioso. Vomitó el pescado que se acababa de comer. Enseguida lo quité y pareció recuperarse. Como si fuera un perrito, volvió a tragarse el trozo de pez muerto del suelo.

En cambio volvió a ser receptivo con “Alfred J. Kwak”. Curiosamente, una de las series más inteligentes que recuerdo de mi infancia. Aunque quizás se sintió identificado al ser el protagonista un patito y su padre un topo. Este tipo de relaciones interraciales son más necesarias en la tele.

¿Para cuándo un canal de TV con programación exclusiva de producciones de los 80? Tienen 10 años de emisión asegurada. ¿Puedo patentar la idea?

martes, 17 de julio de 2018

El humor limitado




De buena mañana me han dado el día... he de reconocer que hoy me levanté especialmente de mala sangre y con más veneno que nunca en mi lengua. Resulta que estaba atendiendo a una señora más gorrrrda que María Teresa Campos después de comerse el cuello de Jorge Javier Vázquez (así está la señora, desayunando un menú grande de BigMac (sí, trabajo en un McDonald's (¿es correcto usar paréntesis dentro de otros paréntesis?))) y al querer preguntarle sobre qué salsa quería para las patatas me pidió la de barbacoa sin dejarme acabar la pregunta.

-Vaya, la salsa favorita de Luis Bretón…

Vale, reconozco que mi sentido del humor tan negro no es algo digerible para cualquier paladar, la gente en general es fácilmente ofendible, pero me importa un coño.

La señora montó un drama que ni Chris Crocker defendiendo a Britney Spears. Incluso hizo llamar al encargado ¡será z*rr*! (“zorra”, para los que no entiendan los *). Menos mal que el restaurante estaba vacío a buenas horas de la morning, y aún así hasta los gitanos de la casa de en frente nos llamaron la atención por el escándalo. La mujer amenazó con denunciar a la empresa si no me despedían ipso facto.

Y digo yo, ¿tanta cafeína no es perjudicial para los gordos? Seguro que hace efecto con las grasas, excita el cerebro y vuelve violentos y amargaos a esa gentecilla.

Dónde están los límites del humor, le pregunté a Len nada más llegar a casa. A él no le pareció un chiste gracioso (cierto es que el pobre también es muy sosete, como la mayoría de los heteros).

Amoh a vé, por hacer ese chiste no he matado a nadie, ¿Qué a la señora de mi**rd* (mierda) la he ofendido? Oooh, pues mira, que no vea la tele ni lea periódicos ni escuche la radio ni mire internet ni hable con nadie en el mundo, porque la pobre irá de disgusto en disgusto. El humor está en el mismo plano que la moral.

¿Qué tiene de malo reírse de los muertos, de las desgracias ajenas (si te ríes de las propias ya eres de lo más admirable), de los desastres? ¿Quién decide de qué te debes reír y de qué no? ¿La iglesia?

Mi compañero me puso este tweet de alguien que él dice que le gusta mucho:
Y él pretendía que mis argumentos se refutaran (a ver, que la conversación dio más de sí, no fue un simple “lee esto y confórmate”).

Pero mis argumentos van más allá. De nuevo, ¿quién dice cuales son los límites del humor? Analicemos. Luis Bretón, un señor que lo más probable es que haya asesinado a sus dos hijos y luego los quemara. Vale, es algo malo, en eso no hay ningún tipo de discusión o duda. ¿Por qué bromear sobre ello hace que sea algo censurable? Qué pasa ¿Qué sea un hecho deleznable y criminal impide que hables con humor del tema? ¿Debemos permitir que alguien decida por nosotros lo que es moralmente aceptable y qué no? ¿Franco ha vuelto y no me he enterado?  Vaya, en serio que pensé que eso ya lo hacía la iglesia católica en España con sus incendiarios discursos que incitan al odio.

Está claro que los límites del humor están en la moral y en lo que socialmente esté permitido.  Nuestra sociedad actual es muy hipócrita y por culpa de años y años de la mierda de la iglesia (en general) tenemos infinitos tabúes y vivimos en una represión constante. (Así está la peña, más ida de la cabeza que Bisbal cuando escucha música heavy). Por eso aquí suena terrible hacer humor con los muertos, porque se les guarda un profundo respeto (exacerbado, la verdad) pero en otros tiempos no dudaban en hacerse fotos con los cadáveres, en Colombia los visten y los sacan a pasear (literal) y así un largo etcétera. Seguro que un chiste de un muerto en esas sociedades es gracioso, pero aquí es terrible.

¿Es malo hacer un chiste sobre un niño con síndrome de Down? Parece que sí, que son intocables y de esa enfermedad sólo hay que hablar como si fuera una maldición.

¿Es malo reírse sobre la acondroplasia? Resulta que si, por eso tuvieron que despedir a dos actores del Un, dos, tres porque hacían un papel humorístico en el programa y esos catetos no sabían que el humor tiene límites. Vaya capullos, menos mal que acabaron en la puta calle.

Al final Len hizo lo de siempre, mutis por el fondo. Como si me diera la razón como a los locos. ¡¡Pues me cago en su lupa jodida!! (¿mal chiste? Si, ¿cesurable? Y una puta mierda).
La historia de la señora acabó cuando le regalamos (a costa de mi bolsillo, maldita pariente de Falete) el menú y le regalos dos postres. ¡Dos! Mi encargado me dijo que procurara no hablar más que del tiempo que hace. Me tuve que morder la lengua cuando una chica me dijo: “Ufff, qué calor hace, esto parece un horno”.
En fin.. me quedo con esta reflexión:




miércoles, 2 de mayo de 2018

Habemus nominis


¡Llegó mi turno! Aquí Germán, el compi de piso de Len.
Estoy tan emocionado con el nuevo habitante de la casa que hasta puedo escuchar a Mercedes Milá anunciándolo en las promos de Telecinco como si de Gran Hermano se tratara.
A Mister Colin no le veo tan alegre. Es más comedido, pero en el fondo sé que está igual de contento.
Yo creo que fue iluminación de Santa Madonna de la Isla Bonita. Al menos yo no conozco a nadie que se haya encontrado una especie protegida en un contenedor, como si de un perro mil leches se tratara. ¿Qué es ilegal y un piso no es su hábitat natural? ¡Bah! Minucias. La Rowling no tiene ni zorra idea de literatura ni de escritura y es la mujer más rica del mundo por vender libros. ¡Minucias!
Después de un par de semanas decidimos por fin bautizarle. La búsqueda del nombre derivó en un debate sobre la corrección política tan venenosa y perjudicial que tenemos hoy en día.

En primer lugar he de decir que me siento fatal por la rotura de la Lupa. Len nunca me ha dicho nada, pero sé que le tenía mucho aprecio por ella. Así que intenté buscar un nombre que le rindiera homenaje.
Pensando pensando surgió el tema. Nuestro pingüinillo ¿es macho o hembra? Un amigo mío veterinario nos explicó que eso se ve comparando a los sujetos, si uno es más grande que el otro. Algo que nosotros no podemos hacer. Así que decidimos ponerle un nombre unisex.
La cosa derivó a la nueva, errónea y perjudicial manera de intentar feminizar nombres y adjetivos masculinos, inventando nuevos términos, que curiosamente, no se hace al contrario, o de neutralizarlos usando la @ o la x. De tan ridículo que es el tema, hasta me divierte. Es pa mearse vivo escuchando palabros como “miembra”, “presidenta” o “jóvena”, por no decir de usar el “nosotr@s/nosotrxs”.  ¡Jajaja! No puedo con la vida.

Mi queridísimo compi me dice que está de acuerdo conmigo (cosa rara) y no entiende por qué un Policía no debería ser Policío, o un juristo o un taxisto o un deportisto. El tema se pone serio de tanto en cuanto la gente que quiere un cambio en el lenguaje por considerarlo discriminatorio se escuda en el feminismo, manchando las aspiraciones reales feministas y buscando una supremacía sexual de un sexo frente al otro. O peor, cuando los medios de comunicación comienzan también a usar esos términos (ahora “presidenta” nos parece algo normal, cuando realmente “presidente” es una palabra neutra que se debe usar para ambos sexos).

En fin, la verdad, este tema me da tardes de risas con las mariflowers (mis amigüis del ambiente, en otra ocasión hablaré de ellos).

A lo que iba ¡que me desvió más de lo que estoy! El nombre. A mí siempre me ha gustado Guadalupe. Es así como muy de rancherita mexicana, con sus faldas al viento y  las trencitas. De pequeño jugaba con las amigas a cómo llamaríamos a nuestros hijos y yo lo tenía claro. Como a mis treinta pasados ya no me veo teniendo hijos (aunque nunca se sabe) haré uso de ese comodín. Viendo que el nombre es muy femenino y el pingu es indeterminado, lo reduje a Lupe, que queda muy nueva moda dialectal neutra y además suena a Lupa (a su vez, palabra femenina que debe ser erradicada porque discrimina a un sexo) y es un perfecto homenaje a la que se rompió.

De este modo quedó bautizade nuestrx queridx pingüine. ¡Qué ilu! Ya podemos gritarle cada vez que hace una de esas cacas tan raras… El próximo reto es enseñarle a dar la manita y a que traiga el periódico ¡siempre deseé un perrito que me lo trajera a la cama un domingo por la mañana!

Por cierto que he encontrado en el Mercadona unas pinturas para el pelo estupendas. En los carnavales mi pingüino será una increíble Sailor Moon, ya veréis.

Presiento que este bichillo va a ser más feliz que Jorge Javier Vázquez en el vestuario del Real Madrid. ^_^

martes, 10 de abril de 2018

La teoría del bebé



Llevamos una semana con el bicho y aunque ya estaba arrepentido de la decisión de quedárnoslo tan sólo una hora y tres cuartos después, estoy empezando a cogerle el gusto. Al principio se hacía complicado. No es legal tener un pingüino en casa así que me siento como si fuera un alemán con una familia de judíos escondida en el sótano de mi casa en plena guerra.

Todavía no hemos encontrado un nombre, pero algo se nos ocurrirá. A pesar de que los primeros problemas son el alimento y (sobretodo) cómo resolvemos sus fantástica forma de defecar (lo explicaré en otra ocasión), mis pensamientos se centraron en intentar averiguar el porqué de la absurda decisión de quedarnos con un pingüino en casa con todo lo que ello conlleva (sea ilegal o no).

Supongo que a Germán y a mí nos ha pasado algo similar a lo que les pasa a esos amigos a los que nunca les vi interesados por niños, o que incluso les ignoraban cuando andaba algún pequeño cerca y que llegados a una edad, de golpe, quieren ser padres.

Aclarar primero que Germán y yo no somos pareja. Esto, hoy en día, hay que dejarlo claro, porque he de reconocer que el hecho de tener un compañero de piso con más pluma que el propio pingüino, ha mermado sensiblemente mis posibilidades de conocer alguna chica. Eso lo trataré en otro momento también…

Mi teoría del “interés repentino en esas cosas que se llaman niños” se basa en cuatro factores: las normas sociales, el instinto primario más animal, el asentamiento de la vida y el miedo. Lo primero es lo que más pesa. La sociedad nos dice que debemos casarnos y tener hijos (cuánto daño ha hecho la religión y Disney). La tremenda mayoría de personas que se casan y tienen hijos realmente no quieren hacerlo, pero la falta de pensamiento crítico produce un comportamiento zombie y se mueven por inercia. Por eso, a los solterones como yo, nos tratan con una condescendencia nacida de la lástima que nos tienen, porque creen que no hemos conseguido aún nada en la vida.

El instinto animal de tener descendencia lo tenemos grabado en los genes, es verdad. Pero se puede modular perfectamente, como el instinto de caza. La inteligencia nos ha hecho racionalizar muchos instintos y podría ser clave para determinar el nivel de intelecto de cada uno. Por ejemplo, siempre pensé que los cazadores tienen una evolución cerebral más corta que alguien que usa la escopeta para disparar a platos volando. Uno aún sigue con mucho de “Homo erectus” y el otro ya es más de “Homo sapiens”.

Pero el factor más determinante y que condiciona hasta los que no siguen tanto las normas sociales, es el de la rutina. Ese es que el que creo que me hizo adoptar al pájaro que no vuela.

Cuando superas la treintena y tienes una vida más o menos establecida, esto es, un trabajo estable y vivienda (aunque sea un alquiler compartido y tengas que escuchar cómo fornica tu compañero en la habitación contigua) el tedio puede llegar irremediablemente como te descuides. Y esto es sencillo. Las amistades comienzan a cumplir con las normas sociales. Ya están casados y comienzan a reproducirse. Por tanto, su actividad se reduce básicamente a trabajar, comer y cambiar pañales. Tu teléfono deja de sonar y tus planes de fin de semana comienzan a reducirse a  leer libros y ver pelis encerrado en casa de viernes a domingo.
Sin darte cuenta, los momentos de aburrimiento son cada vez más comunes y tu cuerpo pide algo de acción. ¡Ahí está! ¡Ese es el momento! ¿Solución ideal? HIJOS. Involuntariamente, tu cerebro sabe que un hijo te obligará a estar activo el 100% del tiempo, tanto mental como corporalmente. ¿Aburrimiento? Ninguno.
Ese es el verdadero “Reloj biológico”.

A todo esto hay que sumarle otro factor importante: el miedo. Los 30 años son la transición en la que dejas la juventud y entras en la madurez. Comienzas a plantearte el resto de tu vida. Unos hijos te aportarán un apoyo en la vejez, en la enfermedad y en la soledad.

Aunque este último no creo que tuviera ninguna influencia en mi decisión con el pingüino, sí que me siento identificado con la situación de rutina y de caída en picado de la vida social. ¿Qué mejor chute de vida que tener un animal clandestino y raro en tu casa? ¡Mucho mejor que un bebé! Al menos el pájaro-aún-sin-nombre no llorará toda la madrugada.

Espero que esto no sea otro problema añadido en mi ya complicada situación sentimental.

Vaya… he abierto por un segundo la boca para respirar y me acabo de tragar una pluma. Por suerte después de un ataque de tos le ha expulsado. Creo que esto no pasa con los bebés. Voy a enjuagarme la boca con lejía.

martes, 3 de abril de 2018

Un paseo por los nombres del mundo. Parte I

No pretendo ser ni original ni innovar con artículos como este. Voy a hacer un pequeño compendio de poblaciones con nombres curiosos que he ido encontrando por esos mundos. Artículos como este, a miles hay por la red. Pero es mi blog y me lo f*ll* como quiero. Y como además no gano un duro, pos ale, el nardo me dice que lo haga. Para ello he investigado un poco, me he documentado e incluso he visitado alguna de estas poblaciones (las he visitado de pasada, no a propósito para escribir el artículo, que quede en cuenta).

Empezaré por el gran pueblo de Cornuda. Ubicado muy próximo a la más conocida ciudad de Venecia, esta población goza de bonitas iglesias, plazas y calles dignas de retratos fotográficos. Según dicen las malas lenguas, su nombre viene del latín y no tiene nada ver con lo que todos tenemos en mente, pero existe otra versión más verosímil (porque lo digo yo) que indica que el pueblo se llamó así debido a dos colinas que se asemejan a unos cuernos y están a los pies de la localidad. Todos sabemos que este pueblo es el retiro espiritual de la Reina Sofía, aquí ella se dedica a hacer charlas a las mujeres sobre el amor propio y el empoderamiento... el empoderamiento para aguantar carros y carretas y no hacer caso de habladurías y mamandurrias sobre tu matrimonio. ¡Qué sabe nadie!

 Aquí tenemos a la población más famosa de todas. Constante Trending Topic del Twitter. En boca de todos y en toda la boca. Hablamos de Zas. Pueblo popularizado en la serie de TV "Padre de familia" (ver en este vídeo uno de los habituales momentos en los que hablan de esta localidad), famoso allende los mares.  Lugar idóneo para pasar el día, comprando en su popular Supermercado Claudio o comiendo una apetitosa y típica pizza gallega en el restaurante Tívoli. ¿Quién no ha deseado llevarse un "Zas en toda la boca"?



Hablemos ahora de Turquía. Gran país donador de multitud de nombres geográficos interesantes. Al menos dos... Bueno, esta vez os hablaré de Konya. Es decir, voy en serio (por si dudabais), que no me refiero a ir de coña, es decir, que no quiero ser machisto y hablar de coños y coñas y coñxs. A ver, un momento, que no se me malinterprete, es cierto, este lugar existe y no voy caer en la gracieta de decir que sus habitantes son coñeros y coñeras. Joder, vale. Estoy cagado, no me mola el Erdogan y no vaya a ser que me investigue y me detenga... no... si, me mola, viva y vota (o no ¿pa qué?) a Erdogan, pero me mola no en plan insinuando que él sea gay o algo... mierda mierda mierda... hablaré de otra población...

Acabamos esta ruta turística, de momento, por el pueblo de Pechón, Cantabria. Qué podemos decir de este gran lugar, característico por sus pájaros, sus aceras y sus árboles. Incluso tiene casas con puertas. Ínclito pueblo que podría deber su nombre al famoso Hulk, que tenía un pechote enorme y verde. Aunque la fantasía popular lo atribuya a la visita que hizo Pamela Anderson al pueblo allá por el siglo XVIII. Importante al pasar por aquí hacerse las fotos enseñando pechote y compartirlo por Instagram, aunque si eres mujer lo más probable es que te lo censuren.

Pongo fin así a la primera entrega, sigo investigando y metiendo mi cabeza en toneladas de libros históricos para traer vericidad y objetividaz, como si fuera un periodista del ABC o de La Razón.

lunes, 12 de marzo de 2018

Un pingüino en mi salón


Mañana de Martes. El día amanece tranquilo. Después del desayuno y el aseo, salgo de casa camino al trabajo con una extraña sensación. Algo me dice que mi día será de esos que se quedan para siempre en la memoria, como cuando dejas de usar pañales o firmas tu condena hipoteca.

La jornada laboral transcurre sin contratiempos. Bueno, sin contar que hoy había otra manifestación en el trabajo exigiendo la compra de cápsulas Nespresso en lugar de las Hacendado. Parece ser que ya se han intoxicado dos personas. Estas protestas de cada vez son más violentas. La última vez le lanzaron al jefe un Nokia 3310 con ánimo de hacerle daño físico grave, pero se salvó cuando otro se lanzó a por el móvil marchándose a todo correr con él, parece ser que hay gente que aún les tiene mucho aprecio.

El caso es que llego a casa, mi santuario a pesar de ser un piso compartido, donde me relajo con mis lecturas y mis divagaciones. Mi pensamiento de la semana iba sobre el materialismo. La anterior semana encontré una caja con recuerdos de un viaje que realicé hacía ya nueve años. Me gustó rememorar situaciones y sitios mirando objetos materiales en lugar de fotos pero no podía evitar pensar que si hubiera un incendio perdería estos recuerdos y no es bueno aferrarse a nada material. Deberíamos aprender a estar contentos con lo que tenemos en lugar de querer más y más o acumular por acumular.

Pero es inevitable tenerle cariño y aprecio a un objeto inanimado, material y que no te aporta nada realmente, su valor es una impresión totalmente subjetiva.

Mi lupa, por ejemplo. Tengo una lupa que me regaló mi abuelo poco antes de fallecer. No es bonita, ni tiene un valor económico apreciable. Simplemente me fascina pensar que mi abuelo la usaba en su trabajo cotidiano. Desde entonces ha estado conmigo y le he dado mucho uso. Me gusta usarla para acercarme a otra realidad imperceptible a simple vista. Vale un mundo para mí.

De repente oigo un ruido que me hace regresar al mundo desde mis cavilaciones. Algo así como un pato que no sabe cantar. Yo estaba sentado en mi butaca, sin quitarme aún el abrigo aunque sí los zapatos (lo hago para relajarme, estoy cinco minutos hasta reaccionar de nuevo) y veo cruzar por la puerta un extraño ser blanco y negro. Mis ojos se abrieron tanto que comenzaban a replegarse sobre sí mismos. Me levanto y noto algo resbaladizo en mi pie... lo miro, una pequeña masa blanca muy alargada que desprende un fuerte olor a pescado podrido. Primer pensamiento material: Mis calcetines favoritos, a la basura que van a ir después de esto.

Sigo caminando descalzo y escucho el sonido de un objeto caer al suelo y estallando en pedazos. Corriendo me asomo y veo en el suelo trozos de lo que era un bonito jarrón chino, pero traído de la China de verdad y no del comercio de la esquina. Un bonito y especial recuerdo perdido. Material.

De golpe, ese canto de pato mareado de nuevo. Levanto la vista y veo a un pingüino subido encima de la silla de mi escritorio. Él también me está mirando a mí. Mi cerebro está totalmente inoperativo, incapaz de computar lo que ven mis ojos. El pingüino cambia su mirada a lo que hay encima del escritorio. Como si me leyera la mente, posa su vista en mi lupa, MI LU-PA.

Fue tan rápido que no aseguro que ocurriera exactamente así, pero mi sensación es que volvió a mirarme mientras yo arrancaba a correr a la velocidad del rayo desgarrando un gran y alargado “¡NOOO!”, el pingüino levantó sus alas y con una de ellas empujó mi preciada lupa al suelo.

Ahora mismo estoy con Germán, mi compañero de piso. Parece ser que se ha encontrado al pingüino en un contenedor (lo más normal del mundo) y ha pensado que era una fantástica idea el que lo tuviéramos de mascota. Nada más meterlo en casa, se fue a comprarle comida. En mi mano, la lupa con la óptica crujida. Aún se puede ver a través de ella, pero ahora además de aumentar la realidad y la trastoca a modo de caleidoscopio amplificador.

El pingüino me ha enseñado sin querer una gran lección y me ha resuelto el pequeño debate interno que tuve durante la semana. El materialismo nunca es bueno y hay que procurar hacer lo posible para desaferrarse de todo objeto y nunca dotarlos de más simbolismos del que puedan tener.

Quizás es por eso por lo que he accedido a la insensata idea de acoger a un pingüino como mascota. Germán se siente mal por lo de la lupa, pero yo no. Me he quitado un peso de encima. Y viéndolo de otro modo, ahora la dichosa lupa es más especial porque tiene otra historia que contar.